Este sábado recibimos nuestra primera visita desde que nos registramos en Couchsurfing.com: Ola y Randy, una pareja venida desde San Diego que está haciendo un viaje por Europa.
Cualquiera que nos conozca sabe que es prácticamente imposible pillarnos en casa durante el fin de semana (escapadas, senderismo… cualquier escusa es buena para huir de nuestro mini-piso 🙂 ) pero esta vez los astros se alinearon.
En nuestro perfil ya hemos indicado que nuestro piso es minúsculo pero que tenemos un colchón extra en el que nos podemos apañar y, oye tú, lo importante es la intención.
Después de intercambiarnos algunos mensajes, les explicamos como llegar y el sábado por la tarde estaban con sus mochilas esperándonos en la puerta de casa.
¿Cómo funciona Couchsurfing?
Couchsurfing es una red social en la que viajeros y anfitriones pueden registrarse para pernoctar/hospedar a gente de forma gratuita. En principio ofreces un sofá, pero hay quien incluso tiene una habitación libre o, por el contrario, quien no tiene sitio pero se ofrece como guía local para ir a tomar un café o enseñarte la ciudad.
Couchsurfing se basa en las reseñas y comentarios. Cuando haces una solicitud para quedarte en casa de alguien, el anfitrión tiene acceso a tu perfil y puede leer los comentarios que otros huéspedes/anfitriones te han dejado y así hacerse una idea del tipo de persona que eres. A más comentarios positivos, más probabilidad de que tu solicitud sea aceptada. Como nosotros no tenemos comentarios, queremos empezar a hospedar a viajeros para poder utilizar también Couchsurfing cuando estemos de viaje.
En cuanto a las «tareas» como host, hay quien prefiere descubrir la ciudad por su cuenta y a quien realmente le interesa conocer gente nueva y, en ese caso, debes hacer un poco de anfitrión. Eso sí, partiendo de la base de que la gente hace lo que hace porque le apetece. Como una vez escuchamos en una charla: no des nada por sentado porque nadie tiene obligación a nada, así que acepta lo que venga y dalo por bueno.
Una experiencia muy positiva
Ya habíamos utilizado Warmshowers en nuestro viaje por el norte de Alemania y la experiencia fue genial. Esta vez nos tocaba a nosotros hacer de anfitriones y la verdad es que todo volvió a ser muy fácil.
Cuando nuestros huéspedes llegaron, se pegaron una ducha y estuvimos charlando sobre nuestros viajes, a qué nos dedicamos y cosas por el estilo. Ellos venían desde Praga en autoestop, ahí es nada. Nos preguntaron si queríamos ir a dar una vuelta así que los llevamos a un barrio junto al nuestro en el que estaban de fiesta con conciertos, puestos de comida y tal. Como se nos hizo tarde acabamos en Bergwolf comiendo una currywurst. No es que sea un plato muy bávaro, pero bueno… Bergwolf es probablemente uno de los sitios más socorridos cuando se trata de comer algo a horas intempestivas.

Randy, Nora, Guille y Ola
Por la noche montamos el chiringuito y a la mañana siguiente marcharon hacia Füssen después de desayunar.
En resumen: Sólo podemos hablar de forma positiva tanto de Warmshowers como de Couchsurfing. Gente «especial» hay en todos lados (Ola y Randy nos dieron un ejemplo), pero en general merece la pena utilizar estas dos plataformas: ahorras dinero, mejoras tu inglés y conoces a gente muy interesante.
Nuestro perfil en Couchsurfing
Foto de Ryan en Flickr


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